“…Doug Bates y su esposa Stacey estaban acostados y sus hijas de dos años dormían cuando de repente escuchan el ruido de sirenas de la policía y helicópteros sobrevolando su barrio en un suburbio del sur de California. Pensaron que buscaban a algún delincuente.
Doug Bates cerró las puertas de la casa con llave y tomó un cuchillo. Una linterna le apuntó y se asomó al jardín, donde una cantidad de policías armados con rifles le ordena
ron que salga de la casa. Bates obedeció, asustado, cuchillo en mano, y su esposa llamó histérica a 911, el número de emergencias de la policía. A ambos les colocaron esposa y les dijeron que se tiren al suelo mientras los policías inspeccionaban la casa.Los agentes no encontraron el caos ni la carnicería que esperaban. Ni los Bates ni las autoridades sospechaban que eran peones en un juego de un adolescente a casi 2.000 kilómetros (1.200 millas) de distancia decidido a aterrorizar una familia desconocida.

Eran víctimas de una nueva forma de fraude, en la que se explotan las debilidades del sistema que tiene la policía para recibir denuncias telefónicas hechas a través de internet. Es prácticamente imposible detectar estas denuncias falsas, que con frecuencia hacen movilizar a unidades especiales de la policía. Una investigación de la AP comprobó que muchos centros que reciben las llamadas al 911 tienen limitaciones de presupuesto y no pueden hacer mucho para contrarrestar estas interferencias con sus sistemas de computadoras…”
Fuente: Houston Chronicle.com (en español. Si os interesa leer más,
la noticia sigue aquí, con otros casos y desarrollo de la noticia) 2/2/09
La gente está loca. Pero zumbada del todo. Por una gracia de adolescentes, o no tanto, puede morir gente, gente a la que como mínimo se le da un susto que no olvidarán en toda su vida, se movilizan grandes recursos policiales a lo mejor necesarios en otro sitio, se sobresalta a toda la población, se hace crecer la sensación de inseguridad.
El grado de irresponsabilidad demostrado por esta gente es increíble.