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miércoles

Si la envidia fuera tiña...

El mundo no es justo. Para nada. Acaba de comentarme una compañera del trabajo que la semana próxima no estará, se la toma de vacaciones.
Así, en principio, parece normal. Hay una fiesta, un fin de semana y se le añades los días laborables de la semana próxima, pues te agarras un acueducto de 10 días. No está mal.
Pero la muy guarra se va a Puerto Rico. Sí, a ¡Puerto Rico!
Tú, volviendo el próximo lunes jodido, pensando en el puente que ya ha pasado en un suspiro y en el que no has hecho ni la mitad de lo planeado (y que no te has ido a una casita rural de 30 € porque estaban todas llenas ¿dónde narices está la crisis?) y ella, mientras, en la playita tropical, viendo los corales y los pececitos de colores, bebiendo lo que coño se beba en Puerto Rico, al solecito…
No es justo. Yo me merezco más esa semana. No, no tengo razones objetivas que me permitan justificarlo, pero algo en mi interior, una fuerza imparable que me invade, muy parecida a la envidia, me dice que estoy en lo cierto, que debería ser yo quien se fuera aprovechando, además, no se qué increíble oferta de vuelos en los que no le pagan por volar de milagro.
Y así, sin miedo a la gripe porcina que seguro que allí, la semana que viene, va a estar desatada, ni al que dirán, (y yo decir lo que es decir no me atrevo, pero pensarlo…) se larga y nos deja con nubes, chubascos, viento y un palmo de narices y de vuelta de puente.
Además le he implorado que, como mínimo, me lleve en la maleta (no os puedo decir ¡cómo está! la compañera en cuestión pues a veces mi mujer se equivoca y se pasa por aquí) pero parece más dispuesta a llevarse a su chico. ¿Es justo? ¡No, él ya la tiene todos los días! ¿También se tiene que ir a Puerto Rico con ella? ¿Tiene exclusividad?
¿No veis? El mundo no es justo para nada.
Si es que los que hemos nacido pobres... Ni Puerto Rico, ni compañera, ni semanita... y menos mal que aún dura el curro que si no…
(Puta envidia…)

sábado

Gracias por los niños

Hoy mis vecinos nos contaban una anécdota relativa a una compañera de clase de su hija.
La niña tiene 6 años y el otro día acudía entusiasmada a contarle a su madre, a la salida del colegio, la suerte que tenía y lo contenta que estaba.
- ¿Y eso por qué hija? - inquirió la madre encantada ante la desbordante alegría de la niña.
- Es que la hija de los Reyes Magos es mi compañera de clase -explicaba la niña con una sonrisa de oreja a oreja-.
- ¿La hija de los Reyes Magos? preguntó asombrada la madre, pensando en una niña disfrazada de Paje Real o algo similar.
- Sí, mamá, insistió la niña feliz. ¡Me ha dicho mi compañera que Los Reyes Magos son sus padres! ¡Que suerte, ¿verdad?!
La madre se quedó pasmada. Y en seguida se sintió también feliz de la interpretación que había hecho su hija de las palabras de su compañera y pensó que, quizás, la ilusión duraría una año más.
- Sí cariño, que suerte tenemos...

Y la verdad es que en este mundo y en estos días en los que si no eres desconfiado, eres receloso y desconfiado y aún así te timan, engañan y roban, comprobar el candor, la inocencia y la ilusión de los niños te anima a seguir marchando.
La bienintencionada interpretación que hace la niña de las palabras de su compañera valen un mundo.
Y aunque no fuese verdad, que fuese simplemente una historia, daría igual.