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viernes

Maricón el último.

Para ajustar bien este escrito, recurro inicialmente al Diccionario de la RAE de la Lengua, encontrando estas acepciones a las palabras buscadas:

Juicio:Facultad por la que el hombre puede distinguir el bien del mal y lo verdadero de lo falso.

Opinión:Concepto que se tiene a algo.

En función de estas dos definiciones, lo que voy a escribir a continuación es únicamente una opinión, dado que, para emitir un juicio, tendría que poder distinguir lo verdadero de los falso y eso, en estos momentos, está fuera de mis posibilidades.Será pues,exclusivamente, mi “concepto de este algo” lo que puedan leer, si lo desean.Pero antes de continuar necesito otra definición de la RAE:

Líder:Persona a la que un grupo sigue reconociéndola como jefe u orientadora.

Dice la sabiduría popular que en tiempos de crisis en cuando se reconoce a los verdaderos líderes. Actualmente en las crisis graves, en aquellas en las que la vida del grupo, o de algunos de sus miembros, o incluso la del propio líder, peligran, únicamente hay dos salidas dignas para un líder que se precie de serlo.

Una, la que llamaré “a la americana”, por estar muy acostumbrados a verla en las películas "made in USA". En ella, al suponer la existencia de una amenaza para la vida del líder, un grupo previamente seleccionado y que le rodea, toma el control: los guardaespaldas le protegerán físicamente, los consejeros, asesores y segundos al mando, asumirán las inmediatas decisiones. Lo primordial es salvaguardar la vida del número 1, la imagen y la cadena de mando. . Al parecer, en la sociedad actual, hacer un líder es terriblemente caro y eso hace que los distintos colectivos no se puedan permitir el lujo de perderlos a las primeras de cambio. Por eso, esta opción es la que veremos sin excepción en las crisis de nuestros tiempos.

La segunda, quizá anticuada para estos días que corren, la encarnan los héroes “clásicos”, aquellos que ante el peligro se colocaban los primeros, eran la punta de lanza en el combate, los últimos en abandonar el barco, los que se quedaban organizando la resistencia numantina, mandaban, ordenaban, dirigían sin tomar en cuenta su propio pellejo. Quizá durante el 23-F el teniente coronel Gutiérrez Mellado me actualizó esa imagen de héroe, al mantenerse impávido ante las desconocidas intenciones de los que hacían silbar balas a su alrededor.

Resultará evidente para quien haya aguantado leyendo hasta aquí, que yo prefiero la segunda alternativa. Puede no ser muy racional en la actualidad pero tantas películas desde pequeño me hacen añorar a los héroes. Casi siempre muertos al final, es verdad, pero finalmente es una decisión de cada cual.

Decía unas líneas más arriba que sólo hay dos salidas dignas. Porque sin esta cualidad de dignidad hay algunas más. Por ejemplo, la que me temo que yo escogería: el estilo “maricón el último”. No es muy heroica, ni digna, ni leches, pero seguramente salvas tu integridad física. La diferencia está en que yo nunca he querido ser líder de nada. Al líder no se le puede escoger ni designar, es decir, tiene que ser aceptado y reconocido como tal por el grupo. Tiene que poseer un cierto carisma que le permita asumir ese liderazgo y que el grupo acepte sus decisiones. Tiene, en suma, que merecerlo, no vale con heredar una posición, ser valido de alguien, delfín, o enchufado.

Si a esta circunstancia añadimos el sagrado deber de la hospitalidad, de cobijar bajo tu manto protector a aquellos que son tus invitados, creo que estos días hemos asistido a un penoso y decepcionante ejercicio de liderazgo.

Seguramente no ha sido un grito de “maricón el último” lo que se profirió, sino una digna salida “a la americana”. Pero de paso se olvidaron de sus invitados y supongo que el grupo protector que rodeaba al líder pensó aquello de que “cada palo que aguante su vela” o, en lenguaje moderno, “que se busquen la vida”.Pero, repito, en mi opinión, que no juicio ya que no tengo una información completa y fidedigna, el espectáculo proporcionado ha sido indigno.

Y nunca, nunca, aceptaré la infamia sostenida por ahí, y sin duda elucubrada por difamadores, de que el líder asumió su condición femenina y puso tierra por medio por eso, por ser mujer, identificándolo con cobardía y otros deleznables calificativos.

Sin embargo si que he perdido la fe en este líder que no ha actuado, a mi gusto, como tal. A lo mejor yo le pedía algo injusto de exigir: que fuera un héroe, cosa que reconozco que yo no sería. Pero me gustan los héroes y he perdido la Esperanza.