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lunes

Ritmo, balanceo y taconeo

Cuando llego al trabajo, el único sitio en el que es posible aparcar, a un precio relativamente asumible, está a unos 15 minutos, andando, de la oficina.

Esta mañana he aparcado como siempre y he iniciado el "paseo" hasta el curro. Iba caminando detrás de una muchacha (curiosa palabra que ya casi no se usa). Era normal. Quiero decir que no destacaba por nada especial. No era ni alta ni baja, ni iba vestida de forma rara o llamativa… nada.

Sin embargo, tenía algo. Desprendía buen rollo. Poseía una cadencia al caminar que parecía oír alguna agradable música y seguir su son (y no, no llevaba auriculares ni mp3)

Tenía un alegre ritmo en las manos, con vida propia, añadido al pendulear normal de los brazos. El pelo, en ese corte tan genérico que se llama “media melena” seguía el sinuoso ritmo balanceándose alegre de hombro a hombro. Un taconeo sin complejos marcaba la cadencia general.

No sé, puede que fuese el olor de la hierba recién cortada de la urbanización que bordeamos, el fresco de la mañana de verano, la luz veraniega cuando aún es temprano, o no sé bien qué, pero reconozco que me ha hecho sentirme bien.

No era nada erótico, ni sexual ni nada remotamente parecido. Pero esa muchacha desprendía alegría, una alegría contagiosa.

Cuando he llegado a mi portal me he despedido silenciosamente y no he querido verle la cara. Estaba bien así.