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domingo

Orgulloso

El otro día tuve que hacer una gestión en el centro y me vi obligado a dejar el coche en uno de esos aparcamientos que están "vigilados" por esos inmigrantes que te exigen un impuesto "voluntario" por localizarte una plaza que tú ya has visto y "cuidarte" el coche: los gorrillas.

Conducía yo un coche barato, de esos fabricados en el este de europa (mi triste economía no da para más), y de los que no ven demasiados circulando por ahí. El gorrilla de turno, un hombre ya mayor, con la piel curtida por muchas horas de intemperie, me localiza la plaza.

Aparco, desciendo del coche y el hombre, en un medio castellano apenas inteligible, me dice que esa marca la fabrican en su país, que él es de allí. Le confirmo que efectivamente el vehículo es importado de su país. Me indica que el coche es bueno, fiable, duro, con lo que me muestro de acuerdo porque relamente es cierto. Me vuelve a repetir, con una sonrisa de oreja a oreja, que lo fabrican es su país, y que lo exportan a todo el mundo, citándome a continuación una lista inmensa de países. Me muestro de acuerdo y le reitero que el coche es barato y bueno.

Encaminándome hacia la salida, me acerco hacia el hombre y me dipongo a darle la "voluntaria propina de rigor". El hombre, sonriente, con los ojos humedecidos, realmente emocionado, se niega a aceptar la propina y me vuelve a repetir que ese coche lo fabrican en su país.

Debo reconcer que esa muestra de orgullo por aquello que él consideraba algo muy suyo me emocionó un poco, e insistí, esta vez voluntariamente de verdad, en que aceptara la propina, a lo que siguió negándose sin perder la sonrisa.

Cuando terminé la gestión y regresé al coche, simplemente me despidió, de nuevo sonriente, estrechándome la mano. Pensé, vista la reacción en lo realmente duro debe de ser estar fuera, lejos, de tu casa, tu país y los tuyos.

lunes

Ritmo, balanceo y taconeo

Cuando llego al trabajo, el único sitio en el que es posible aparcar, a un precio relativamente asumible, está a unos 15 minutos, andando, de la oficina.

Esta mañana he aparcado como siempre y he iniciado el "paseo" hasta el curro. Iba caminando detrás de una muchacha (curiosa palabra que ya casi no se usa). Era normal. Quiero decir que no destacaba por nada especial. No era ni alta ni baja, ni iba vestida de forma rara o llamativa… nada.

Sin embargo, tenía algo. Desprendía buen rollo. Poseía una cadencia al caminar que parecía oír alguna agradable música y seguir su son (y no, no llevaba auriculares ni mp3)

Tenía un alegre ritmo en las manos, con vida propia, añadido al pendulear normal de los brazos. El pelo, en ese corte tan genérico que se llama “media melena” seguía el sinuoso ritmo balanceándose alegre de hombro a hombro. Un taconeo sin complejos marcaba la cadencia general.

No sé, puede que fuese el olor de la hierba recién cortada de la urbanización que bordeamos, el fresco de la mañana de verano, la luz veraniega cuando aún es temprano, o no sé bien qué, pero reconozco que me ha hecho sentirme bien.

No era nada erótico, ni sexual ni nada remotamente parecido. Pero esa muchacha desprendía alegría, una alegría contagiosa.

Cuando he llegado a mi portal me he despedido silenciosamente y no he querido verle la cara. Estaba bien así.