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martes

Chicas guapas en el atasco

Esta mañana, en nuestro atasco de todos los días, veo que en paralelo, en un todo terreno rojo, va como conductora una joven rubia, con el pelo rizado y una cara preciosa. (La verdad es que los atascos son un sitio de muchas posibilidades desaprovechadas...). Por ver su reacción, se me ocurre decirle a mi hijo Diego:

- Fíjate que chica más guapa conduce ese coche rojo...

Cuando con los vaivenes del tráfico nos volvemos a poner a su altura, le pregunto

- Bueno, ¿qué? ¿qué te parece? ¿es guapa o no?


El niño piensa unos segundos ( en plan hummm...) y me responde

- Depende
- ¿Depende? ¿Depende de qué?

Y me explica:

- Es que a ti te gustan las chicas guapas
- ¿Y a ti no?
-¡¡A mi me gustan mis novias!!

Eso es, hijo. La fidelidad ante todo. Guardar la debida fidelidad a tus ¡¡cuatro!! novias, es algo ético, importante para perpetuar la relación y no fastidiarla.

Claro que si yo tuviese cuatro novias, además de volverme loco, tampoco estaría para fijarme en ninguna más...

domingo

Orgulloso

El otro día tuve que hacer una gestión en el centro y me vi obligado a dejar el coche en uno de esos aparcamientos que están "vigilados" por esos inmigrantes que te exigen un impuesto "voluntario" por localizarte una plaza que tú ya has visto y "cuidarte" el coche: los gorrillas.

Conducía yo un coche barato, de esos fabricados en el este de europa (mi triste economía no da para más), y de los que no ven demasiados circulando por ahí. El gorrilla de turno, un hombre ya mayor, con la piel curtida por muchas horas de intemperie, me localiza la plaza.

Aparco, desciendo del coche y el hombre, en un medio castellano apenas inteligible, me dice que esa marca la fabrican en su país, que él es de allí. Le confirmo que efectivamente el vehículo es importado de su país. Me indica que el coche es bueno, fiable, duro, con lo que me muestro de acuerdo porque relamente es cierto. Me vuelve a repetir, con una sonrisa de oreja a oreja, que lo fabrican es su país, y que lo exportan a todo el mundo, citándome a continuación una lista inmensa de países. Me muestro de acuerdo y le reitero que el coche es barato y bueno.

Encaminándome hacia la salida, me acerco hacia el hombre y me dipongo a darle la "voluntaria propina de rigor". El hombre, sonriente, con los ojos humedecidos, realmente emocionado, se niega a aceptar la propina y me vuelve a repetir que ese coche lo fabrican en su país.

Debo reconcer que esa muestra de orgullo por aquello que él consideraba algo muy suyo me emocionó un poco, e insistí, esta vez voluntariamente de verdad, en que aceptara la propina, a lo que siguió negándose sin perder la sonrisa.

Cuando terminé la gestión y regresé al coche, simplemente me despidió, de nuevo sonriente, estrechándome la mano. Pensé, vista la reacción en lo realmente duro debe de ser estar fuera, lejos, de tu casa, tu país y los tuyos.

viernes

Más de Diego

Últimamente los mejores ratos me los hace pasar el “peke”. Con sus cinco años y su forma de ver el mundo, cada día me sorprende y me hace reír. Como tenemos tantos kilómetros en coche, sin nadie más, sin TV, sólo con la música de fondo te cuenta cosas y te deja con la boca abierta.

Esta mañana, desayunada un bocata de nocilla, su favorito, y me comenta:

- Papá, aborrezco la nocilla.
- Diego, será que te encanta. Aborrecer es cuando algo no te gusta nada de nada.
- Pues eso, me encanta. Me pone los “pelos duros”, como cuando veo a una chica guapa…
- ¡Ah!, a eso se le llama ponerse la piel de gallina. (“¿Los pelos duros?, ¿estás seguro de que son los pelos, hijo?")

Ayer, al ponerse el pantalón del uniforme, recién lavado y planchado, le pregunto por los bultos de los bolsillos: sacó dos “Bakugan” y dos “Gogos” (no se los dejo, oficialmente, llevar al colegio porque el cole lo prohíbe, pero hago la vista gorda cuando se lleva uno, máximo dos, de acuerdo con el profesor, como pequeña rebeldía)
- ¿Qué te llevas al colegio? Sabes que no se puede…
- Papá, había cogido dos Bakugan…
- Pero llevas cuatro muñecos
- Es que, no sé cómo, me he encontrado dos Gogos en los bolsillos. Se habrán escondido ellos ahí…

Ese día no se llevó ninguno, pero yo casi me atraganto de la risa.

De verdad que es una detrás de otra y con todas me parto. Lo siento, soy un papá bastante baboso ¿verdad?