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viernes

Cumpleaños especial

Hoy podría ser un gran día…

No, no voy de Serrat (porque no me negaréis que todos habéis seguido tarareando: “plantéatelo así”).

¿Que por qué podría ser un gran día?

Hombre, es viernes, y han pasado los calores del verano, que no soporto, ha llovido y la atmósfera está limpia. La vuelta al curro, que afortunadamente conservo (ya veremos el próximo martes…), está asumida y olvidado el síndrome postvacacional; no he cogido la gripe –de ninguna letra- y me encuentro bien….

¿Entonces?

Efectivamente, podría, pero dudo que lo sea.

Y es que hoy es “el” cumpleaños. Su cumpleaños. De ella.

Sí, ya sé que es el cumpleaños de muchísima gente. Pero hoy es el cumpleaños de ella y por tanto es especial. Hace que los 18 de septiembre pasen a ser días marcados de manera muy señalada en el calendario. Pero sin embargo, a pesar de que los cumpleaños los solemos asociar a fiesta, celebración, etc., el hecho de que sea el cumpleaños de ella me deja un poco… No sé. ¿Menos alegre? ¿Algo triste?

Hay tantas cosas por medio…

Pero en fin, las cosas hay que asumirlas como vienen. Y si no se puede hacer nada, no voy a estar luchando contra los elementos.

Hoy es el cumpleaños de ella, de mi suegra, ¡y tendré que darle dos besos…!

Diario de una jefa.

Si, sí, ya sé. Es muy viejo. Pero bueno, reconocedlo. Lo acabo de encontrar en un antiguo email guardado por ahí...

"Hoy he despedido a mi becario.
¿Que por qué he despedido hoy a mi becario?
Veréis: Era mi 37 cumpleaños y mi humor no estaba muy bien que digamos. Aquella mañana, al despertarme, me dirigí a la cocina para tomar una taza de café esperando que mi marido me dijese: "Feliz cumpleaños, cariño". Pero él no me dio ni los buenos días. Y me dije a mi misma: ¿Es éste el hombre que yo me merezco?
Continué imaginando: "Los niños seguro que se acordarán". Cuando llegaron a desayunar, no dijeron ni una palabra.
Así que salí de casa bastante desanimada, pero me sentí un poco mejor cuando entré en mi oficina y mi becario me dijo: "Buenos días Sra. Pérez, ¡Feliz cumpleaños!". Finalmente, ¡alguien se había acordado!.

Trabajamos hasta el medio día. Entonces mi becario entró en mi despacho y me dijo: "¿Sabe Sra. Pérez... ?hace un día precioso y ya que es su cumpleaños... podríamos comer juntos, solos usted y yo".
Obviamente, acepté. Fuimos a un lugar bastante romántico.

Nos divertimos mucho y ya regresando, él propuso:
"Con este día tan bonito, creo que no deberíamos volver a la oficina. Vamos hasta mi apartamento y allí podemos tomar una copa".
Fuimos entonces para su apartamento, y ya allí, mientras yo saboreaba un Martini, él dijo:
"Si no le importa, voy un momento a mi cuarto a ponerme una ropa un poco más cómoda".
“Está bien, como quieras”, respondí.
Pasados cinco minutos más o menos, él salió del cuarto con una tarta enorme... seguido por mi marido, mis hijos, mis amigos y todo el personal de la oficina. Todos cantando, "¡Cumpleaños Feliz...!".
Y allí estaba yo, desnuda, sin sostén, ni bragas, tumbada en el sofá del salón!
Ya lo dice el dicho: ¡¡No somos nadie!!