Heraldos de luces callejeras, rebajas y comerciales televisivos nos la vienen anunciando desde hace mucho tiempo. Pero hoy es la víspera de la Nochebuena. Hemos traspasado ya la línea de salida con los niños de San Ildefonso. Ha comenzado ese periodo que a lo largo de una vida tiene distintos significados.
Cuando niño, es un tiempo mágico. Vacaciones, decorar la casa, comidas y cenas con toda la familia, acostarse tarde, ir a los sitios típicos y ver qué ha instalado este año El Corte Inglés. Aprender a tocar la zambomba escupiéndote en la mano y levantar dolor de cabeza con la pandereta, coger un cólico de tanto turrón. Y, al final, la mejor noche de todo el año. La noche de Reyes…

Pero creces y te vas transformando en un adolescente. Te aburre estar en casa, no soportas a tu familia e intentas escaquearte de todas las comidas, cenas y demás coñazos. Lo de decorar la casa se lo dejas a tu madre y a los pequeños. Todo lo demás te causa hastío. Sólo esperas emocionado el momento de tus primeras fiestas nocturnas con tus amigos. Esas a las que se va elegante y duran toda la noche. O su alternativa económica, la fiesta que monta algún colega en casa. Da igual, el caso es escaparse y convivir lo menos posible con ese plastazo de familia que te ha tocado.
Te echas novia –aunque nunca se ha llamado así, ¡por dios!- y empiezan las primeras dudas sobre si subir a cenar o traerla a comer. ¡Vaya corte! Y el cabronazo de su padre mirándome todo el rato. Ahora el principal problema es la pasta. Ya no llegaba antes, pues ahora no hay ni para el cine.
Comienzas a trabajar y llega la cesta de navidad de la empresa, la cena de empresa, las despedidas con los colegas de trabajo. Tu círculo se abre y mientras no acabes las noches con la corbata en la frente bailando en las mesas, todo va bien.
Al final y después de mucho resistirte, te casas. Y ya está liada. Que si Nochebuena y la comida de añonuevo con tus padres y navidad y fin de año con los míos, que ni de coña, porque entonces no coincido con mi hermana, pero es que al cabrón de tu cuñado no hay quien le aguante y siempre acaba mamao… Es el período diplomático, todo negociaciones y con un calendario y un cuadrante de guardias en la mano para ver cómo se ajusta todo. Al final siempre acaba alguno cabreado. Qué se le va hacer. El año próximo será al revés.
Llegan los niños y empiezan a crecer. Se vuelve a adornar la casa y a ir a Cortylandia. De nuevo se escuchan los villancicos de siempre y las figuras del belén aparecen por debajo de cualquier mesa. La noche de reyes eres tú el que no duerme pero porque te toca la tercera imaginaria y porque los niños te despertarán, y tú te haces el sorprendido cuando tus hijos vengan ilusionados a enseñarte los juguetes que los Reyes les han dejado…
Y así, otra vez a empezar. Es el círculo de la vida. En esos giros que componen los años, muchos se han ido. Los abuelos, quizás los padres, algún tío… Siempre en estas fiestas falta alguien a quien echamos de menos y que, cuando nos acordamos, se nos escapa una lágrima cabrona que hay que disimular con la tos, el humo del cigarro o dándonos la vuelta porque ya somos muy mayores para añorar estas ausencias.
Pero también hay incorporaciones. Estás casado, tienes hijos y familia política, y aunque te niegues a reconocerlo en voz alta, algún cuñado que sí te cae bien. Dentro de poco serán tus hijos los que subirán a cenar con sus parejas y tu familia se va haciendo cada vez mayor. Antes estabas en la base de la pirámide de edad y ahora eres el vértice. Te has convertido, sin darte cuenta, en el “pater familias”.
También la familia se ha dividido. Al principio estabas con tus padres, abuelos, hermanos. Ahora, los que quedan, están en su casa, con sus respectivas familias y es difícil encontrar una buena oportunidad, a conveniencia de todos, para juntaros a comer o cenar. Pero se intenta.
Y es curioso, y a la vez maravilloso, ver a tus hijos pequeños con los mismos nervios, las mismas preguntas, las mismas ilusiones y cantando igual de mal los mismos villancicos que tú cuando tenías su edad. La vida, como la Navidad, -o al revés- es un círculo que vamos recorriendo año tras año a lo largo de nuestra existencia. ¡Felices Fiestas a todos!