Supongo que, visto el panorama, debería hablar de la crisis, del paro, de los espías de la comunidad de Madrid, de Eluana Englaro, de las dimisiones del PP, del coche bomba de ayer o, como mínimo, si quiero huir de la actualidad más rabiosa, del genocidio de Gaza, de la criminal inmoralidad de Mugabe en Zimbabwe, de Ciudad Juárez, del
Latitud de Google o algo similar.
Pero, francamente, no me apetece. Después de escuchar las noticias en el atasco matutino (y da para muchas noticias), de ojear un par de periódicos digitales y leer sus actualizaciones ya estoy saturado. Tengo a tope mi capacidad de preocupación y angustia.
Doy un paseo por mis blogs habituales y en la mayoría encuentro el mismo temor a los mismos males. El mismo miedo al día a día y a la imposibilidad de confiar en unos políticos que, siendo quienes deben de tomar importantes y rápidas decisiones en estas circunstancias, han perdido (todos) el rumbo y no saben por dónde les llueven los problemas.
Por eso prefiero contaros que me he dormido esta mañana. Al menos es un hecho local, controlable y no demasiado dañino. Con la costumbre de poner el despertador para que suene cinco minutitos después (esos maravillosos cinco minutos que le pedíamos a nuestra madre desde que íbamos al colegio) le he debido de dar a la techa equivocada y hasta media hora después no me he enterado.
Claro, luego vienen las prisas, las carreras, el niño venga que vamos tarde...
Todo en contra de los consejos de un antiguo director que tuve al poco de empezar a trabajar. Éste, con mucha sorna, se metía con nosotros, los pobre empleaditos de a pié diciéndonos que no sabíamos enfocar las situaciones:
- Cuando viene de visita algún super preboste de la central (que estaba en París) ustedes siempre se ponen su mejor traje, la camisa más nueva, los zapatos a estrenar... ¡muy mal hecho! Así, la única imagen que dan es la de que les pagamos demasiado y todos van sobraos de dinero. ¿Cómo piden después aumento de sueldo? Ese día, precisamente, es cuando hay que venir con el traje viejo, la camisa rozada y los pantalones sin planchar, para hacer notar que necesitan que les paguen más....
Nunca le hicimos caso y a lo mejor por eso sigo siendo pobre... En relación a llegar tarde nos instruía:
- Cuando por la mañana se duermen, empiezan a correr y consiguen llegar media hora tarde, todos rojos por las prisas, sin resuello y dan la cantada: se han dormido y no hay forma de negarlo. No señor, cuando se duerman, dense media vuelta y duerman dos o tres horitas más. Levántense con calma, desayunen bien, y vístanse de punta en blanco. Lleguen a la oficina con buena cara, descansados, bien vestidos y sin apuros, comentando la importantísima gestión que les ha retenido hasta ese momento en otro lugar. Les mirarán como a gente importante.
(si no te despiden, pensábamos nosotros)
En fin, que por pensar a lo pobre, como "empleadillos" que decía él, a lo mejor es por lo que hoy me veo así.
Y para que no penséis que paso de política os dejo una interesante receta que me ha llegado por mail (por el tono debe de ser de Arguiñano...).
La del pollo a la concejalía:
Ingredientes-Un pollo
-Un despacho
-Varios chorizos
PreparaciónSe coge el pollo. Se le coloca en un despacho. Se le rodea de chorizos. Se le deja a su antojo. Y él solito se va haciendo
rico, rico...Para lo demás... paciencia y suerte.