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domingo

Más descoloques

A pesar ser su progenitor, convivir diariamente con él, llevarle y traerle del cole (con un largo trayecto en coche) sigue logrando descolocarme con bastante facilidad. No sé si será por ser yo un inocentón, o confiado, o crédulo, o… No sé. Ni idea. Pero lo consigue. El peke.

Diego tiene unas salidas que me dejan “fuera de juego” con gran facilidad. Ahora está loco por el fútbol. No sabe jugar, ni hablar ni pensar en otra cosa y la verdad, no entiendo de dónde le viene. En casa no había visto ni un partido… Bueno, a lo que voy. Ha comenzado el colegio esta semana y obviamente intentamos que nos cuente lo que hace, etc. Pues no logramos que nos hable nada más que de los entrenamientos de fútbol, los goles etc. Ya harto, el otro día le dije que me contara algo de lo que hacía que no fueran los entrenamientos, algo de lo que hiciera el resto del día. Se queda pensando en plan “Vickie el Vikingo” y me suelta, feliz:
“En el recreo he jugado al fútbol”.
Fenomenal, hijo, fenomenal.

Nos ha contado como es la distribución física de su clase. Las mesas, individuales, están colocadas en forma de U frente a la pizarra y la mesa de la profesora. Su sitio, elegido por él, está, como es fácil de adivinar, en la esquina inferior de la U, en el ángulo más alejado de la profesora. Toda una declaración de principios, vamos. A sus dos amigos del alma, vecinos de pupitre el primer día, al tercero los habían cambiado ya “Porque no supimos aprovechar la última oportunidad de callarnos que nos dio la profesora…”
¿Última oportunidad el tercer día de clase? ¡Pues sí que empezamos bien!

Intentando rentabilizar su pasión futbolera, le prometí que si estudiaba, se portaba bien y sacaba buenas notas, visitaríamos el museo de trofeos del Real Madrid y asistiríamos a algún partido en el campo. Se puso loco de alegría. Al día siguiente, meditativo, intentó aclarar los términos de la promesa:
“¿Tengo que sacar buenas notas en todo, o vale con que las saque en algunas aunque otras sean malas…?”
¡¡Pero tío, si estás en primero de primaria, llevas una semana de colegio, no te han mandado aún ni deberes… ¿y ya estás pensando en catear algunas?!! ¡¡Joder que futuro más negro me espera…!! (Y a él por cierto)

Esta tarde, era el cumpleaños de su abuela, mi suegra (perdón, mamá "política" –del PP o más a la derecha, por lo menos-) y hemos pasado el día en su casa. Ha coincidido con su prima favorita, a la que saca 8 meses, y con la que se lleva genial. Como el jardín de la casa es grande pero no está vallado, de vez en cuando hay que echar un ojo para que no se vayan lejos. En un momento de la tarde vemos que han desaparecido. Nos levantamos varios a buscarlos y a los pocos minutos aparece mi mujer con ellos. Nos volvemos a sentar en la larga charla de sobremesa y cuando la atención se ha diluido en otros temas, mi mujer, susurrando, me dice:
“¡¡Estaban en la habitación de S., en el sofá, y se estaban besando en la boca!! Y como no me han oído llegar, cuando he abierto la puerta, tu hijo del susto ¡se ha caído al suelo…! Le tienes que explicar que con su prima eso está mal”.
Bueno ¿habéis tomado nota del “tu hijo” y del “le tienes”? ¿Y yoo? ¿Por qué yo? Si sólo soy su padre. Además ¿Quién no ha tenido una maravillosa prima con quien comenzar su aprendizaje? Aunque los 6 años me parece precoz, pero en fin. Veremos cómo abordo mañana el tema… ¿Se podrá hilar de alguna manera con el fútbol?

jueves

Con las cosas de comer…

El peke está en plena época de cambio de dientes. Se caen los de leche, salen los definitivos (los definitivos reales, porque los refinitivos se los fabricará el odontólogo dentro de unos años), viene el Ratoncito… en fin, lo normal.

Ayer, su madre, muy concienzuda, le llevó al dentista para revisar el crecimiento de los nuevos dientes, concienciarle de la necesidad de lavárselos con la frecuencia necesaria (no hay forma de convencerle y en cuanto te descuidas se escaquea) la forma de hacerlo, etc.

En la revisión le encontraron dos caries. La caries es, realmente, una enfermedad infantil según os explicaron. La dentista propuso arreglarlas sobre la marcha. Le explicaron a Diego en que consistía la reparación, como se hacía, etc. Ni corto ni perezoso dijo que él no abría la boca. Le aseguraron que no le iba a doler, le volvieron a explicar paso a paso todo el proceso, le comentaron lo divertido que iba a ser tener la boca dormida al final, incluso hablaron por teléfono con su mejor amigo, quien ya tiene experiencia en el tema y este le aseguró que no le iba a doler.
Diego en sus trece: "Yo no voy a abrir la boca".

Después de perder 30 minutos intentando convencerle por las buenas y por las malas, mi mujer, frustrada, se volvió con el niño y sus caries. Fue imposible. No hubo forma. Durante el camino de vuelta le amenazó con todos los males del infierno si no se sometía al bienhacer de la odontóloga (se nota que aún es un niño: yo, por esa dentista, me dejaba hacer lo que quisiera…). Nada. Incluso le aseguró que el Ratoncito no acudiría a su cita, ya que justamente también ayer se le había caído otro diente. Ningún efecto.

Finalmente tuvimos que recurrir a los grandes remedios. Este año, por elección del peke, una de las extraescolares a la que está apuntado es “Fútbol”. Tiene pasión, locura, por este deporte. Le explicamos que todos sus compañeros iban a empezar a entrenar, que cogerían los puestos y que él se iba a quedar fuera. Que hasta que no terminara con el dentista, no habría fútbol.

Tenemos cita dentro de tres días. Y con prisa, porque no ha sido posible conseguirla antes. Según Diego, había reflexionado sobre todo lo que le habíamos dicho de la salud, etc. y le habíamos convencido, porque llevábamos razón. Pero "¿podría jugar al futbol el mismo día en que iba al dentista…?"

lunes

Ni un segundo tranquilo

Siempre bromeo con lo poco parecido a mí que es Diego. Ni en el físico ni en el carácter. Pero a veces esto llega ya a tomar un cariz preocupante cuando se ve que es opuesto totalmente. Yo soy de carácter tranquilo (y de hobbies de poca acción) y él no puede parar un momento. Tiene prisa por saberlo todo, conocerlo todo, hacerlo todo.

Camino del colegio o de regreso, en el coche, como el trayecto es largo y atascado, además de la música, tenemos que jugar: a deletrear (el tío es un maestro) y a las palabras encadenadas; y no pierde, no os creáis...

A día de hoy tenemos pendiente, porque él lo ha pedido con la insistencia (pesadez) propia de la edad hasta que he claudicado: el llevarle a un campo de fútbol para ver un partido en vivo y en directo (odio el fútbol), que le enseñe a jugar al baloncesto (tengo que comprar una canasta), que le enseñe a jugar al ajedrez (ayer aprendimos el movimiento de las fichas, echamos una partida y se cabreó porque perdió), fabricar una cometa (no he volado una en mi vida), coger unos caracoles del jardín para su bote de mascotas (la tasa de mortandad de los caracoles en manos de mi hijo es similar a la que tendrían en manos de un cocinero catalán), subirle el manillar y el sillín de la bici, que no suelta para nada (el tío no hace nada más que crecer), enseñarle a patinar (como mucho le sujeto, porque yo jamás lo he conseguido), jugar al tenis un rato cada día (es que en el colegio no me lo cansan lo suficiente), ir a la piscina a diario en cuanto el tiempo acompañe (será para relajarse, espero), ir al Retiro a subir en las barcas (supongo que me querrá remar él, claro) Además de pedirte continuamente que juegues al parchís, a los gormiti, bakugan y demás bichos de la TV . Y yo soñaba con las vacaciones para tirarme a la bartola, leer tebeos y poco más. Este chaval me agota solo con la lista de peticiones. Creo que necesita tres o cuatro padres más para atender todo lo que quiere hacer...

En fin, para cubrir las vacaciones, ya que algo hay que hacer o en algún sitio hay que “aparcarle” dado que nuestras vacaciones solo suman dos meses y él tiene tres de parón veraniego, le inscribimos en un campamento, y en julio estará quince días haciendo todas las actividades que le propongan. El tío está encantado porque le han contado que va a hacer marcha, marchas nocturnas, escalada en pared, tirolina, cuerda floja, piragüismo, montar a caballo, piscina diaria y jugarán al fútbol, baloncesto, trabajar en la huerta, gymkanas… No sé si el campamento es de verano o de los “marines” y yo estoy cansado solo de pensarlo, pero él está encantado. Bueno, pues todo esto se lo contaron el viernes en una reunión de los padres con la organización del campamento para despejar dudas de última hora y coordinar salidas, etc. Durante una hora nos contaron diversos temas y al final abrieron el turno de preguntas. Estábamos en la sala unas 80 o 90 personas de las que el 90% éramos adultos. En mitad del turno de preguntas, veo que mi hijo levanta la mano sin consultar con nadie, le dan el turno de palabra y pregunta “¿puedo llevar el peluche que uso para dormir?”. Me quedo alucinado. Le contestan que sí, por supuesto y siguen respondiendo preguntas. Al rato vuelve a levantar la mano, le vuelven a otorgar la palabra, después de ya preguntarle como se llamaba y cuántos años tenía y pregunta “¿Me vais entonces a enseñar a escalar? Porque yo no sé todavía”. Le aclararon que por supuesto, que a eso se iba, a aprender y disfrutar y se quedó tranquilo. Joer, pero si a la gente, a los adultos, les da vergüenza hablar en público y muchas veces se quedan sin hacer preguntas solo por no tener que levantarse y hablar delante de todos…

Finalmente nos presentaron a los monitores que los atenderían por grupos de edad. Cuando localizó al que le correspondía por sus 6 años, le empezó a hacer gestos con la mano cerrada y el pulgar hacia arriba y al terminar la reunión se acerca al monitor, se presenta, le pregunta si va a ser su monitos, que como se llamaba y que qué iban a hacer.

Y yo me preguntaba ¿para qué hemos venido nosotros la reunión? ¿de acompañantes? Porque con haberle mandado a él seguro que se enteraba mejor que nosotros de todo. ¡Pero si yo, con seis años, tenía simplemente que preguntar la hora por la calle y me moría de vergüenza y no lo hacia…!

Desde luego, este crío es clavadito a su padre… pero a mí no se me parece en nada.

martes

Chicas guapas en el atasco

Esta mañana, en nuestro atasco de todos los días, veo que en paralelo, en un todo terreno rojo, va como conductora una joven rubia, con el pelo rizado y una cara preciosa. (La verdad es que los atascos son un sitio de muchas posibilidades desaprovechadas...). Por ver su reacción, se me ocurre decirle a mi hijo Diego:

- Fíjate que chica más guapa conduce ese coche rojo...

Cuando con los vaivenes del tráfico nos volvemos a poner a su altura, le pregunto

- Bueno, ¿qué? ¿qué te parece? ¿es guapa o no?


El niño piensa unos segundos ( en plan hummm...) y me responde

- Depende
- ¿Depende? ¿Depende de qué?

Y me explica:

- Es que a ti te gustan las chicas guapas
- ¿Y a ti no?
-¡¡A mi me gustan mis novias!!

Eso es, hijo. La fidelidad ante todo. Guardar la debida fidelidad a tus ¡¡cuatro!! novias, es algo ético, importante para perpetuar la relación y no fastidiarla.

Claro que si yo tuviese cuatro novias, además de volverme loco, tampoco estaría para fijarme en ninguna más...

lunes

Chotis y ADN

Voy a tener que pedir una prueba de ADN de mi hijo para estar seguro de mi supuesta paternidad.
Como sabe el que haya estado por aquí antes, tengo un hijo, Diego, de 6 años. Se me cae la baba con él de mala manera. Pero cada vez estoy más seguro de que su padre no puedo ser yo.
En Madrid, este sábado pasado era San Isidro, patrono local. Los colegios, casi todos, prepararon para el viernes algún tipo de acto o fiesta conmemorativa. En concreto, en el de mi hijo, los pequeños de Educación Infantil bailaban un chotis y luego había chocolate con dulces para todos (el colegio ponía el chocolate y los vasos de plástico y los dulces los teníamos que llevar los padres). Por supuesto disfrazados de chulapos y chulapas, todos absolutamente igual (evidentemente ya nadie se “disfraza” de chulapo para ir a trabajar cada día y el "traje típico"parece un uniforme) bailaron fenomenalmente el chotis (que igualmente creo que se practica únicamente este día del año).

Lo hicieron muy bien. Especialmente Diego (y no es amor de padre), lo que ya me mosquea, pues yo soy incapaz de coordinadar dos pies y dos brazos simultáneamente, seguir el ritmo es una falacia y llevar a mi pareja, imposible. Entre otras cosas, porque a nadie se le pasa por la cabeza intentar bailar conmigo.

Sin embargo, cuando finalizó el chotis y los niños fueron con sus padres, la pareja de mi hijo, S., toda orgullosa, les comentaba a sus papás que ella había bailado con Diego porque cuando el profesor les dijo que cada uno escogiera a su pareja, ella había salido corriendo a por Diego, antes de que N. o B., se lo quitaran.

Vamos, igualito igualito que su padre. Bueno, a lo mejor que su padre sí, pero a mi no se parece ni el blanco de los ojos. Ni fisicamente, ni el tipo, ni el carácter, ni en las aptitudes… Vamos, porque le adoro que si no…

miércoles

Problemas estructurales. Diego y el váter

Está claro que necesito un asesor que me explique como debo de tratar ciertos temas con mi hijo. Cada día me deja más despistado. Esta mañana viene muy compungido y me dice:

- Papá estoy muy enfadado.
- ¿Con quien hijo?.
- Con las niñas del cole.
- ¿Y por qué?
- Porque cuando voy al baño están siempre intentando verme la “colita”…

Yo me esperaba algo de Bakugan o Gormitis, pero me voy a tener que acostumbrar a que las preocupaciones de mi hijo vayan habitualmente por otro lado. Y me enfrento como siempre al dilema del tono con el que tengo que responder a sus inquietudes. Si le digo lo de “aprovecha que ya cambiarán las tornas” su madre me cuelga. Seguro. Pero importancia al tema tengo que darle porque al chaval le preocupa, así que intento abordarlo con visos de normalidad:

- Bueno hijo, no tiene importancia. Es la curiosidad de conocer algo diferente a lo que cada uno tiene. Seguro que tus amigos y tú también intentáis ver el culo a las niñas cuando van al baño ¿a que sí? –digo, esperando haber dado con el tono y argumento adecuados-
- No
- ¿No? -pregunto realmente extrañado- ¿Y por qué?
- Porque siempre tienen el culo dentro del váter
- Aaaahh.

O sea, que no es falta de curiosidad, si no imposibilidad estructural. Vamos a tener que hablar con los diseñadores de inodoros para evitar estos inconvenientes, que pueden llegar a traumatizar a los niños que no logran obtener la contrapartida a su lógica curiosidad…
Cada vez que viene serio a hablar conmigo… tiemblo. Necesito asesoramiento ¡ya!

Me vacila, mi hijo pequeño me vacila

Es evidente que necesito asesoramiento. Si mi hijo de 5 años me torea ahora, no sé que va a ser de mi más adelante.
Ayer se fue a pasar la tarde y dormir en casa de un amigo del cole. Esta mañana la hospitalaria madre nos lo ha devuelto con un suspiro de alivio y descanso
"Es que no soy muy niñera" nos dice. Pero bueno, ¿ no te ofreciste voluntariamente a llevártelo? pienso yo.
Recordando mi papel de padre, me encaro con el pequeño y muy serio le pregunto.
"¿Como te has portado?"
"Muy mal" -me responde absolutamente franco y serio-
Y yo, totalmente falto de reflejos, me quedo sin sabe qué hacer ¿Que le digo? "¿Eso no se hace? ¿Te tenías que portar bien?" ¿Le pego un cachete para que me detengan y me metan quince años de cárcel?. Decido intentar razonar.
"Si te has portado muy mal, entonces que te debo castigar ¿no crees?"
Se me descojona en la cara y me dice
"No". Por lo menos, tonto no es.
Pongo expresión fiera, bajo el tono de voz hasta el suelo y mirándole con el ceño fruncido (es lo más parecido a cara de ogro que puedo poner) le digo
" ¿Coooomooo?"
De momento funciona. El niño duda y responde muy bajito
"Bueno, sí"
Como no sé con qué castigarle porque luego soy un blandengue y un mal educador y no cumplo ni la décima parte de las amenazas, le digo
"Pues piensa en lo que has hecho y dime con qué crees que debería de castigarte".
Con mis hijas mayores me funcionaba y además yo obtenía así una medida de lo grave que ellas creían que era su falta. Con este... bueno, todavía lo está meditando sin llegar a ninguna conclusión
"Es que lo estoy pensando"
Mi hijo me vacila y me torea. Sin duda

sábado

Diego. Educar y aprender con 5 años

Uno cree que por tener hijos más mayores el tercero va a ser más sencillo de educar. Y que no te van a sorprender. Craso error. Diego, 5 años, es una pequeña cajita de sorpresas.
Ayer recibimos, a media mañana, la llamada telefónica de su profesor quien nos indicó que debíamos llevar el niño al médico porque tenía un problema: cada muy poquito tiempo necesitaba ir al baño. Pensamos en algo de frio, quizá una infección…

Al recogerle a la salida del colegio, por la tarde, el profesor ya tenía el diagnóstico: jeta. Una simple y gran cara dura: Como aún son pequeños, en clase los mandan al baño de dos en dos. Y Diego se las había apañado con su grupo de amigos, para:

1.- Ir escondiendo en el baño todos los juguetes (Gormitis, Bakugan, cromos…) que se llevaban de casa. Dónde, es aún un misterio.
2.- Lograr que los “cuatro magníficos”, amigos inseparables, coincidieran varias veces a lo largo de la mañana en el baño, donde se montaban una partidas increíbles. Sólo les faltaban las apuestas, pero creo que todo llegará.
3.- Evidentemente tomar a conciencia el pelo al profesor, que todo se lo creyó y estaba preocupado por la incontinencia del crio. Y no es bisoño, que acumula más de 30 años de experiencia.

Diego ha salido de la aventura, sin juguetes, sin poder coincidir con sus amigos como acompañantes, y sin poder ir al baño más allá de una vez cada mañana. Pero, al parecer, durante unos días se lo han pasado en grande los cuatro con sus partidas a escondidas en el baño. Con cinco años. Reconozco que me acojonan sus catorce.

¿La justificación que ha dado? Que se aburre en clase. Sus compañeros están comenzando a leer y escribir y él ya lo hace. Pero en casa no le hemos enseñado y en el cole nos juran que ellos han seguido el mismo ritmo con todos. Nos decía el profesor que cómo castigarle si es el que mejor lee y el que mejor escribe de su clase. ¿Y me lo pregunta a mí? Yo estudié económicas, oiga…

Y sus preguntas. Me dejan bloqueado porque no sé que se le tiene que contestar a un niño de cinco años ante ciertos temas, casi todos sexuales. Una explicación “técnica” no la entiende y otras veces, francamente, no sé qué contestar. Hace unos días, llegando al colegio, según aparcamos el coche, me espeta:

-¿Papá, por qué a veces la colita se me pone grande, dura y para arriba?

Menos mal que ya estábamos parados.
Lo primero que se me ocurrió logré, afortunadamente, callármelo, pues además de no ser entendido por el crio, creo que hubiese merecido la censura de la madre: cierto, no le puedes decir al niño “para cepillarte todo lo que se te ponga a tiro” ¿verdad? A ver, pensé, si le contesto con la utilidad real del fenómeno, me voy a meter en un charco impresionante, y no sé si será contraproducente, pues seguro que quiere experimentar rápidamente las nuevas posibilidades de juego que la explicación le puede abrir. Y aún no estoy por la labor, de verdad. Una respuesta fisiológicamente técnica no está aún al alcance de su comprensión.
De momento (cobarde…), una respuesta para salir del paso.

-Seguramente te pasa cuando tienes muchas ganas de hace pis…
-Sí papá, por las mañanas cuando tengo ganas de hacer pis. Y cuando me gusta algo…
-¡Venga niño, que llegamos tarde al colegio…!

Voy a empezar a preparar un Excel con preguntas y respuestas (consensuadas con su madre, claro). Se aceptan sugerencias…