miércoles

Cuento japonés con moraleja

Hace un par de años me encontré, navegando por esas páginas de dios, este cuento japonés. Es, como suelen ser los cuentos japoneses, suave, tranquilo, mezclando lo natural y lo sobrenatural sin estridencias ni extrañezas y por supuesto, debe de tener moraleja. El único problema es que yo he sido absolutamente incapaz de extraer la moraleja que subyace, supuestamente, como se dice ahora, en él.
Así que cada uno saque la suya (y estamos hablando de moralejas):


Había una vez un viejo carbonero que vivía con su esposa, que era también viejísima.
El viejo se llamaba Yoshiba, y su esposa se llamaba Fumi. Los dos vivían en la isla sagrada de Mija Jivora, donde nadie tiene derecho a morir. Cuando una persona enfermaba lo mandaban a la isla vecina, y si por casualidad moría alguien sin síntomas, enviaban el cadáver a toda prisa a la otra ribera.
La isla, la más pequeña del Japón, era también la más hermosa. Estaba cubierta de pinos y sauces, y en el centro se alzaba un hermoso y solemne templo, cuya puerta parecía que se adentre en el mar.
Los dos ancianos eran admirados por el resto de la aldea por dos virtudes: su resignación y perseverancia a la hora de aceptar y superar los avatares de la vida y el amor que los unía.
El suyo, como tantos otros en Japón, había sido un matrimonio concertado por sus padres: Fumi no había visto nunca a Yoshiba antes de la boda y éste sólo la había entrevisto un par de veces a través de las cortinas y había quedado admirado por su rostro ovalado, la gentileza de su figura y la dulzura de su mirada.
Desde el día del casamiento, la adoración fue mutua. Ambos disfrutaron de la alegría de su enlace que se multiplicó con creces con tres hermosos y fuertes hijos. Pero también se vieron sacudidos por la tristeza de perderlos, a los tres, una noche de tormenta en el mar.
Aunque disimulaban ante sus vecinos, cuando estaban solos lloraban abrazados y secaban mutuamente sus lágrimas. En el lugar central de la casa construyeron un altar, en memoria de sus hijos y cada noche llevaban ofrendas y rezaban ante él.
Pero últimamente una nueva preocupación había aumentado la congoja de sus corazones. Ambos eran mayores y sabían que ya no les quedaba mucho tiempo. Yoshiba se había convertido en las manos de su esposa y Fumi en sus ojos y sus pies, y no sabían cómo podría superar uno la muerte del otro.
Una tarde, Yoshiba sintió la necesidad de volver a ver el lugar donde había trabajado durante más de cincuenta años. Se encaminó hacia el lugar atravesando el frondoso bosque que existía en la isla. Pero al llegar a un claro del bosque, y observar los árboles, tan conocidos, se dio cuenta que había algo nuevo. Tanto años trabajando allí, y nunca se había fijado en que debajo del árbol más grande había un manantial de agua clara y cristalina. Yoshiba sintió una terrible sed y se acercó a fuente. Cogió un poco de agua y bebió. Al rozar sus labios, sintió la necesidad de beber más, pero al ir a recogerla observó su reflejo en el agua y vio que habían desaparecido las arrugas de su rostro, su pelo era otra vez una hermosa y negra cabellera y su cuerpo parecía más vigoroso. Aquella agua tenía un poder misterioso que lo habían hecho rejuvenecer.
Entonces sintió la necesidad de volver corriendo a decírselo a su esposa.
Cuando Fumi lo vio llegar no conoció a aquel mozo que rápido se acercaba hacia la casa, pero al estar junto a él observó sus ojos y lo reconoció. Cayó desmayada al recordar sus años de juventud, pero Yoshiba la levantó y le contó lo que había ocurrido en el bosque.
Decidieron que ella iría por la mañana, porque ya era de noche y podía perderse, a beber también de la fuente
A la mañana siguiente, Fumi se fue al bosque.
Yoshiba calculó la espera en dos horas, porque aunque a la ida tardaría más por su edad y la falta de fuerza, a la vuelta llegaría enseguida porque habría recuperado su juventud. Pero pasaron dos horas, y tres, y cuatro, y hasta cinco, por lo que Yoshiba empezó a preocuparse y decidió ir él mismo al bosque a buscar a su esposa. Cuando llegó al claro vio la fuente, pero no encontró a nadie. Entre el murmullo de las hojas y el crujido del agua oyó un gorjeo como el que hace cualquier cría de animal cuando está sola. Se acercó a unas zarzas, las apartó y encontró una pequeña criatura que le tendía los brazos. Al cogerla, reconoció la mirada. Era Fumi, que en su ansia de juventud había bebido demasiada agua y había regresado a su primera infancia. Yoshiba la ató a su espalda y se dirigió hacia casa.
A partir de entonces, tendría que ser el padre de la que había sido la compañera de su vida.

Y colorín, colorado....

13 comentarios:

Noelplebeyo dijo...

Precioso cuento...quien ansía demasiado se queda sin el ser amado.... o el amor no entiende de edades...o,oye , donde está esa fuente ????

Montse dijo...

Es que los cuentos japoneses no traen "mata-burros" así que la pobre Fumi se excedió, por desconocimiento, con el agua. Digo yo que esto debe venir por las ansias de juventudes pasadas, por pedir más de lo que se merece, por tantas cosas!!!

Además, los cuentos japoneses son para los japoneses, que leñe!!! A mí, si me sacas de los de Castilla La Vieja (vieja como yo, jajajaja) todos me parecen excesivamente preciosistas. Aquí somos más de burro y zanahoria.

El cuento es precioso pero falta el mapa. He entrado a la Guía Campsa, por si me pillara de camino el manantial, y no me sabe decir el itinerario.

No es que yo tenga una sed de morirme pero algún traguillo ya me echaba, porque el Valdepeñas no quita arrugas, palabrita del Niño Jesús.

Besitos encanto

conxa dijo...

vaya cuento....

no se cual será la moraleja, pero avarició juventud, tanta quiso, que perdió el amor de compañero. Aunque eso sí,encontró un padre.

Se rompió la pareja perfecta.

Esther dijo...

Yo pienso que como el amor era tan grande sobrevivió a todo hasta al cambio de edad y se transformo en amor de padre a hija.. besitos

Juan Luis Sánchez dijo...

No sé cuál es la moraleja, pero me ha mantenido entretenido un rato mientras lo he leído, esperando el final. Imagino que será algo así como que beber agua siempre trae problemas. Es mejor beber vino y todos tus problemas se solucionarán. Un abrazo.

despe dijo...

muy entretenida tu historia me mantuvo en vilo esperando que los dos estuvieran mozos y volvieran a vivir su vida jovenes pero bueno un final inimaginable moraleja? "si es amor del bueno siempre estara contigo" hay me inspire jajajaja gracias me emociono la historia un beso y buenos dias despe.

silicongirl dijo...

Me ha gustado muchísimo la historia aunque no sabría que moraleja decirte.
La canción que te gusta de mi blog es de Nightwish pero de cuando estaba en el grupo Tarja. La canción se llama Away y es una de mis preferidas.
Si tienes ocasión de escuchar a Nightwish te lo recomiendo pero eso si, sólo canciones de Tarja. La nueva cantante es una petarda.

Besitos

Esteban dijo...

Yo he detectado varias posible moralejas:
- Bebe Sake y no agua (aquí sería vino, claro)
- El agua en exceso no es buena para los ancianos
- No dejes ir a tu mujer sola al bosque
.../...

Fuera de bromas, me ha parecido un cuento muy bonito, aunque un poco cínico, ya que en la isla de marras "no estaba permitido morise" pero no porque hubiera algo mágico en la isla sino que los echaban a otra isla para que murieran allí. ¡que jeta!

Un abrazo,

Esteban

María Marín dijo...

Yo creo que en el final se encuentra la moraleja, y es que, no se puede tener todo en la vida, aunque, para como son los cuentos japoneses demasiado bien acaba. Por cierto que me voy a agenciar yo un manantial para la terraza de casa... jajajaja. Besotes.

Daniela dijo...

Curioso cuento.. Me ha hecho pensar en algo: mientras el hombre llegó a la fuente por casualidad, y se volvio mas joven sin haber tenido la intencion, la mujer fue en busca de la fuente, cegada por la ambicion de juventud e inmortalidad.
Es, sobre todo, la manera en la que llegan a la fuente, lo que hace que los caminos de los personajes se separen.
¿Moraleja? No lo se. ¿La ambicion desmedida nunca es buena?

Tambien el cuento me hizo recordar una frase:
"Quizá los más capacitados para manejar el poder son aquellos que nunca aspiraron a él"

Saludos !

Anónimo dijo...

Y yo que esperaba ver a Fumi-Godzilla y al bueno de Yoshiba concentrado su energia para transformarse en un rubiales de ojos azules...

Moraleja: Debo dejar de leer tanto manga

m4n010 dijo...

El cuento muy bonito y la moraleja que yo extraigo es que beber de más no es bueno.

Yoshinori dijo...

" No siempre mas es mejor ni menos lo suficiente"